Ágora

Por: Dan Campos

Mientras que en nuestras carteleras regulares empieza a haber muestras de la raquítica capacidad de producción para las grandes historias épicas nacionalistas, tenemos la suerte de que a llegue a nuestras pantallas la más reciente cinta de Alejando Amenábar, director chileno que ha hecho toda su obra importante fuera de su país y que, a diferencia de lo hecho en México, sí es capaz de transportarnos de manera efectiva a tiempos y lugares memorables, llevándonos ahora a conocer a la mismísima biblioteca de Alejandría mientras que el Imperio Romano caía y el Cristianismo se expandía.

Hypatia es profesora de filosofía y astronomía en la ciudad que, en su momento, contuvo la mayor cantidad de conocimiento del mundo antiguo, y no solo eso, ya que en sus muros la variedad de credos era predicada, conviviendo las figuras de Osiris, Serapis, y el más reciente aspirante al trono divino, un tal Cristo. Mientras que por un lado Hypatia y sus alumnos buscan una mejor comprensión del mundo a través del pensamiento racional, por el otro se da el conflicto político-religioso que implica la búsqueda de poder e imposición del nuevo credo. Después de todo, la lógica de cualquier religión parece ser la ausencia de toda lógica.

Mientras que la cinta tiene bastantes problemas con el manejo de los hechos reales, todo en pro de una historia más dramática en pantalla, llega a tener el gran acierto de una producción bastante cuidada de su lado. Rachel Weisz se mantiene como el personaje femenino fuerte de la historia, alguien que ante todo prefiere el uso de la razón y el entendimiento por encima de las disputas o las imposiciones violentas de la voluntad y lo hace mientras enseña en una reconstrucción de la famosa Biblioteca de Alejandría. Las calles, los templos y los lugares de la ciudad se ven majestuosos y traen en sí ya algo de bagaje histórico, ya que incluso muestra lugares en donde anteriormente se montaron sets para otra historia épica como lo fue Gladiador. Mientras que hay detalles como que el vestuario es la tradicional toga genérica y el hecho de que todos los soldados romanos de superproducción deben de traer vestuario genérico y no uno acorde a lo que en realidad usaban, la creación de los entornos y las atmósferas son bastante acertadas.

Las actuaciones son, en su mayoría, buenas. Ya mencionamos a Rachel pero el catalizador de la historia es Max Minghella, quien interpreta a Davus, esclavo de Hypatia y quien al principio también aprende lecciones de astronomía de la famosa profesora, pero que al conocer a los predicadores del credo cristiano, encuentra un nuevo sentido en su vida. El problema es cuando debe de decidir a quienes apoyar cuando surge el conflicto en el que los portadores de la cruz buscan imponerse y desterrar a todas las demás religiones de la zona. Su contraparte es Orestes (interpretado por Oscar Isaac), quien aunque también inicia como alumno de la filósofa, más tarde llega a tener un papel importante en el entorno político de la ciudad, y por consecuencia, debe confrontar directamente los problemas que surgen.

Mientras que la historia es narrada de manera efectiva, tengo varios problemas con el guión. Amenábar y Mateo Gil manipulan la historia para presentarnos a una Hypatia que es la voz de la razón y que está muy cerca de probar cosas tan trascendentes como el heliocentrismo, sin embargo a nivel histórico, si bien Hypatia era bastante inteligente, no se sabe que haya hecho grandes aportaciones al mundo científico. En la misma línea la presentan como la epítome del ateísmo racional, siendo que la verdadera  practicaba el paganismo, cosa que si se hubiera mostrado en la cinta, le hubiese restado bastantes puntos al conflicto entre la fe y la razón que se da, especialmente cuando vemos momentos tan catastróficos como la quema de textos y destrucción del gran cúmulo de conocimientos que tuvo la gran Biblioteca.

En la misma línea, los personajes tienden a presentarse en blancos o negros muy marcados. El villano de nuestra historia podría ser el Obispo Cirilo, y mientras que actualmente es recordado como uno de los grandes patriarcas de la fe (e incluso ha sido canonizado), en la cinta siempre estará vestido de negro y es directo responsable de muchos de los conflictos.  En contraparte tenemos al conciliador Sinesio de Cirene, quien siempre vestirá de blanco y estará todo rasurado y galán, siendo interpretado por Rupert Evans.  El blanco y negro simplista no podría estar más marcado, a menos que fuera una historieta de Espia contra Espia de Mad.

Ágora es un trabajo con buena manufactura pero con una historia que pudo haber sido llevada a la pantalla de una manera más eficiente. Buenas actuaciones y una producción bastante rescatable son sus puntos más fuertes, aunque cabe destacar que tiene escenas un tanto violentas, especialmente en las catorrizas en las que a veces uno solo puede pensar “pinches judíos” o “pinches cristianos”, ya que cualquiera que profese un credo en la película, es ridiculizado, aunque a veces uno puede preguntarse si es justa o injustamente.

 
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