Cefalópodo
Por: Dan Campos

Regresa Rubén Ímaz con su segundo largometraje a nuestras pantallas. ¿Será capaz de capturar la magia de la realidad del mexicano de la misma manera en que lo hizo con su ópera prima Familia Tortuga? Es lo que analizaremos a continuación.
Cefalópodo se trata de Sebastián (Unax Ugalde), un joven artista que viaja a nuestro país para reencontrarse con sus raíces, ya que debido a la pérdida del amor de su vida se encuentra en un periodo de dificultad e inestabilidad emocional. Actualmente el buen Sebastián tiene una fijación particular en los cefalópodos, fijación que le fue heredada por su fallecida pareja. En su viaje, nuestro personaje se encuentra con que un viaje a Sonora, concretamente al Mar de Cortés, podría ofrecerle las respuestas que necesita, ya que ahí espera encontrarse con un cefalópodo y comprender la fascinación que tenía su perdida amada.
Antes de hacer la reseña, quiero aclarar que llegué un poco tarde a la función de esta cinta. Preguntando a personas que lograron verla completa quería entrever si algo de lo que me había perdido podría darme la clave para entender plenamente la cinta, pero al parecer terminé igual de perdido que Sebastián durante el desarrollo de la película. Otra de las razones que se agregan a mi confusión es el hecho de que esta cinta ganó el premio por Mejor Opera Prima en el pasado Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Cosa curiosa, considerando que es la segunda película hecha por el director.|
Si bien Unax da una interpretación interesante de su personaje, en el que explota y muestra las peculiaridades del dolor humano ocasionadas por la pérdida del ser querido, hay algo que no me termina de convencer. Si bien la narración en voz en off en la que cuenta su recorrido y conflictos emocionales sirve para dar solidez a la historia, siento que cuenta de más elementos que ya podemos ver en pantalla, ya sea a través de las interpretaciones o de las mismas imágenes que tenemos. En la misma línea, la cinta carece del encanto de la primer obra del autor, aunque eso se debe a los personajes que participaron en la misma. La historia, aunque tiene niveles de profundidad, no termina de enganchar y tiene elementos de la ahora increíblemente común fórmula festivalera (planos largos, aparentemente no pasa nada pero el personaje se enclava en descubrir grandes verdades trascendentales, etc) de la que se enganchan varios realizadores para hacer que sus películas sean consideradas excepcionales, incluso, “de arte”.
Si bien la manufactura de Cefalópodo es bastante decente, a modo de historia no me terminó de gustar. Cosa no tan difícil de creer, considerando que la anterior cinta del director me encantó y era difícil superarla, especialmente con una trama introspectiva en la que se realizan acciones que no tienen precisamente una razón explícita de ser y que uno debe de ir enganchando y justificando como parte lógica de la historia, aunque ahí el mérito debe llevarlo el espectador, y no el realizador.