El Hombre de Papel
Por: Juan Carlos Snyder

Ismael Rodríguez Ruelas produce y dirige una joya del cine mexicano de 1963.
Ignacio López Tarso interpreta un hombre impedido del habla, completamente analfabeta y al que los número son para él jeroglíficos sin sentido a lo que lo podan “El Mudo”.
Es increíble la manera en la que Ignacio puede interpretar a un personaje con tales características. Un personaje único en su tipo en una historia que bien podría ser un drama francés pero está completamente domesticado a nuestros contextos nacionales. Una fotografía espléndida digna de admirarse.
En el artículo pasado (La Perla) hablamos de un tesoro maldito, pero en éste filme no es lo contrario. Éste drama está basado en los mismos fundamentos de encontrar algo que le damos un valor. Cierto es que el dinero es un medio adecuado para conseguir muchas cosas que queremos, pero en el caso del mudo, el lo que quiere es compañía. ¿Puede eso comprarse? Pues el mudo va con una prostituta extranjera que quiere $50 pesos por “hacerle compañía una noche”, pero en lugar de esto, ella lo estafa y se burla de él al igual que muchas otras personas a lo largo de la historia. Todos los conflictos se los gana por su falta de conocimientos numéricos. Incluso las personas con mayor confianza para él son leones voraces que lo ven como un bocado fácil.
El mudo es un pepenador de basura que se encuentra un billete cuya denominación está fuera de su comprensión. De regreso a su minúscula casa de desechos, “el jefe” (denominado así por sus pocas aptitudes en las letras y funciona como lector oficial del diario que quede legible) le pone el ojo al billete, por lo que reúne, vaya los términos pero son literales, al mugroso pueblo, para que reparte el billete entre toda la comunidad. Así que le busca refugio a su billete sucio y de ahí se desencadena un drama precioso. Pese a la falta de conocimientos, el mudo es inteligente y de buen corazón, unas características tripartitas que están unas en contra de otras dada su situación.
Éstas dos películas (El hombre de papel y La Perla) con muy superiores a miles de películas de culto como 8 ½ de Federico Fellini. Realmente el cine mexicano tiene material suficiente para demostrar el talento que muchos ven en el extranjero y no lo ven en su propio país.
El hombre de papel tiene escenas excelsas y deliciosas donde las habilidades artísticas del actor Ignacio López Tarso se comunica a señas como el creador de lo da a entender, puesto que al ser analfabeta, no sabe ni si quiera señas explícitas para sus objetivos. Un ejemplo es cuando trata de adoptar a un infante, otra secuencia excelente es cuando trata de explicar su inocencia ante una disputa en un bar con la prostituta y una tercera muy valiosa y exquisita es cuando Luis Aguilar aparece de ventrílocuo e interactúa con el mudo al preguntarle su nombre, el pepenador de basura a falta de habla actúa su nombre.
Desde el título, es una pieza artística en blanco y negro que resalta los barrios mexicanos y el folklore del danzón tan típico, aunque originario de cuba, adoptado en México como hijo propio pero con el cariño a sus padres biológicos y la hermandad latina que nos acerca.
Todo lo que encierra este maravilloso viaje a los barrios mexicanos de época, son tratados con la cautela y visión única de Ismael Rodríguez en El hombre de papel.