Fahrenheit 451
Por: Rubén Eduardo
El afán consumista del cual formamos parte, hace que las novedades editoriales, mes tras mes, nos hagan olvidarnos de libros que valían la pena, incluso se dejan de editar, lo que hace muy difícil encontrarlos. En esta ocasión me gustaría recomendar un libro que llegó a mis manos por obligación educativa.
Fahrenheit 451 es el tipo de literatura que de primera instancia no consumiría, una novela de ciencia ficción estadounidense, siempre he tenido cierto recelo hacia las novelas americanas, las evitaba a cualquier costa. Pero al ser un trabajo escolar no me quedó de otra más que leerla. Desde la primera línea me atrapó, esa línea que dice: Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Imaginar el fuego, una persona que goza de quemar objetos, atrapa, seduce, invita a seguir leyendo.
Y si tomamos el contexto en que nos ubica la sinopsis, un futuro donde los bomberos en lugar de apagar incendios se dedican a quemar libros, todo se vuelve más interesante. Porque nos pone en el eterno paradigma: pensar es bueno o malo.
Todo parte del pensamiento, la lectura recrea el pensamiento, obliga a generar nuevas ideas, obliga a cuestionarnos. En la novela del escritor estadounidense Ray Bradbury nos encontramos con un mundo donde pensar está prohibido, porque el pensamiento genera infelicidad. El no pensar, estar atentos a los aparatos de televisión generan un mayor placer.
Si lo vemos fríamente, quizás haya razón. Pensar nos lleva a ver que el mundo no es tan bueno como creemos, que hay cosas malas, que son más los males que las virtudes. El vivir aislados y creyendo que todo está bien, puede generarnos un estado de más tranquilidad. Aquí es donde Bradbury nos recuerda que el pensamiento no es para decir: oh la vida apesta, que mala pata. Sino para saber que a través de lo que sabemos podemos lograr un cambio.
La novela es un viaje fascinante a lo que nos va a deparar si seguimos con nuestras costumbres actuales, las de priorizar los medios audiovisuales por el pensamiento. Y esto es lo que hace valiosa a la novela, que a pesar de los años su tema es vigente. Una vez más las letras demuestran ser un salto de tiempo, una mirada de lo que viene, de a dónde vamos y porqué pasan las cosas.