Gabriela Cantú Westendarp

Por: Rubén Eduardo

Una de las poetas más sobresalientes en la actualidad, nos muestra su trabajo, su proceso creativo y su forma de concebir su labor como poeta. El trabajo de Gabriela la sustenta y la deja ver como una mayúscula poeta. Es un buen momento para conocerla a ella y a su obra.

Comala: ¿Naciste o te hiciste poeta?

Gabriela: Me parece que todas las personas tienen la posibilidad de desarrollar una sensibilidad artística si el entorno se los permite. Sin embargo, creo que hay algunos seres humanos que llevan en su carga genética cierta agudeza en esa área. Tener esta agudeza no asegura llegar a ser artista. El artista se debe al trabajo. Se necesita talento pero se necesita mucho trabajo, entrega y disciplina. En mi caso particular puedo decir que desde pequeña tuve interés por la poesía. Guardo entre mis objetos preciados (y vaya que no guardo cualquier cosa) un pequeño librito, hecho a mano allá por mis 8 años, en el que escribí algunos versos que consideraba, en ese entonces, poemas. 

Comala: ¿Influye en tu poesía el hecho de ser regiomontana?
Gabriela: La geografía, el estado del tiempo y el contexto social son asuntos que acompañan al trabajo del poeta. En un lugar como Monterrey, en donde el calor del verano es realmente intenso, resultaría difícil que la luz del astro mayor no influyera de alguna manera en la forma de abordar los temas. Como muestra tenemos a Alfonso Reyes y su poema Sol de Monterrey. No obstante, que los escritores de Monterrey compartimos un espacio geográfico, creo que cada uno abreva de muy diversas fuentes. Quiero decir que hacemos diferentes lecturas, nos agrupamos con diferentes personas, hacemos diferentes acercamientos al arte. Cada uno busca su propio camino. Como comentario adicional diré que no hace falta, a mi parecer, salir de tu ciudad para escribir algo que valga la pena. Un ejemplo de esto es el cubano, José Lezama Lima, un poeta sabio que nunca salió de La Habana. 

Comala: ¿Que poesía satisface a Gabriela?
Gabriela: Mi gusto poético ha ido cambiando con el tiempo. El primer poeta al que me acerqué fue Jaime Sabines. Creo que mi generación fue seducida, al menos en primera instancia, por el poeta chiapaneco. Aún me parece que en La muerte de mayor Sabines hay momentos muy intensos. A medida que el tiempo ha pasado me he enfrentado con poetas de lenguas y tradiciones muy diversas. Y puedo decir que he podido disfrutar grandemente mucho de lo que he leído. En este momento estoy disfrutando maravillosamente a Goethe. El argentino Héctor Viel Temperley es también uno de mis poetas favoritos; uno de sus poemas es mi objeto de estudio para obtener el grado de maestra. Dante y su Comedia me parecen esenciales. Los poetas chinos de la Dinastía Tang me han interesado de manera muy especial. Y ellos me llevaron a José Juan Tablada un mexicano muy oriental. Octavio Paz y José Gorostiza ocupan un lugar muy importante para mí. Pero creo que san Juan de la Cruz ocupa el primer lugar. Él es padre de la poesía escrita en español.

Comala: ¿Qué te gusta y qué no te gusta de ser poeta?
Gabriela: Yo dedico la mayor parte de mi tiempo a la poesía. Y amo lo que hago. 
Dedicarse a eso implica relacionarse con el mundo de una manera  intensa. Pero estoy consciente de que el oficio del poeta no es bien  redituado económicamente hablando. No se puede pagar la renta de escribir poesía. El mundo de hoy no lo valora lo suficiente. Creo que eso es precisamente lo que no me gusta. El poeta vive de ser maestro, periodista,  traductor, y en algunos casos de becas.

Comala: ¿Se puede ser poeta en el Norte del país?
Gabriela: Será poeta quien tenga que ser poeta en cualquier parte del planeta. Se ha dicho mucho, y con argumentos de cierta manera sólidos, que el corazón del país está en el Distrito Federal y que aquel que quiera destacar en alguna rama tendrá que mudarse a aquel sitio. Esto quizá era cierto en otra época, sin embargo hoy, ese mismo mundo del que me quejaba que no valora lo suficiente la poesía, ofrece oportunidades de comunicación muy interesantes. Hoy es posible estar conectado y dar a conocer el trabajo de un artista desde cualquier punto de la tierra. No ignoro que, en efecto, existen grupos literarios que tienen control sobre ciertos medios de comunicación y de impresión pero eso es inevitable. 

Comala: ¿De qué te gusta escribir?
Gabriela: La experiencia de vida es la fuente para la creación literaria. El poeta toma sus experiencias de vida y literarias y las transforma hasta llevarlas a la otra orilla como dice Octavio Paz. Creo que a la mayor parte de los poetas nos preocupan nuestros afectos. Las personas que nos rodean son de suma importancia cuando se trata de expresar el mundo en el que vivimos. 

Comala: ¿Cómo se dio el salto de poemarios como: El Efecto y El Filo de la playa a Poemas del árbol?
Gabriela: Hace poco me decía un amigo y crítico literario que él escucha diferentes voces en cada uno de mis libros. Quizá sea cierto, no sé. Quizá sea que voy haciendo un camino y mi voz va tomando diferentes matices. En el mejor de los casos espero estar madurando conforme pasa el tiempo. 

Comala: ¿En qué piensa una poeta al escribir?
Gabriela: Como decía antes, las personas que me rodean son muy importantes en mi escritura, pero también lo son las lecturas que hago. Creo que el estado del tiempo, la época del año, los acontecimientos que me rodean también inciden en lo que escribo. Uno piensa en lo que va escribiendo. 

Comala:¿Cuáles sientes que es tu mayor virtud como poeta?
Gabriela: Creo que soy una lectora disciplinada. Un día me dí cuenta que esto era lo que quería hacer para el resto de mi vida y me puse hacerlo. El mejor entrenamiento es la lectura. Me puse a leer como loca.

Comala: ¿Cómo defines a la poesía?
Gabriela: Se han escrito muchas definiciones de lo que es la poesía. Y muchas de ellas son muy bellas y muy acertadas. Ahora se me viene a la mente la idea del oxímoron. Se trata de una figura retórica que asocia dos palabras contrarias.

Por ejemplo: nieve y fuego. Escribí sobre eso en relación a un libro del poeta uruguayo Eduardo Milán. Y es que la poesía, desde cierta perspectiva, es tratar de decir lo indecible. El poeta se debate entre la nieve de la página en blanco y el fuego que lo empuja a escribir; decir o no decir, ser o no ser, fuerzas contrarias que se atraen y se repelen al mismo tiempo. 

Comala: ¿Le recomendarías a tus hijos hacerse poetas o artistas?
Gabriela: Creo que el arte es algo que acompañará a mis hijos, de alguna manera, el resto de sus días. Cuando se tiene una madre o un padre que se dedica a eso es imposible estar al margen. Si alguno de ellos quiere dedicarse a alguna disciplina artística lo apoyaría. 

Comala: ¿Cómo ves el ámbito cultural en Nuevo León?
Gabriela: Yo he tenido suerte. Cuento, entre mis amigos y maestros, escritores muy valiosos. Muchas lecturas y reflexiones a las que he llegado han sido, en parte, gracias a ellos. Me han alentado a seguir a delante, me han exigido y criticado de manera significativa. Ese ha sido mi círculo más próximo. El ambiente literario, en general de Nuevo León, puede ser rudo y de enfrentamientos pero yo he estado al margen de las justas literarias. Me parece que hay esfuerzos importantes por parte de algunos grupos por promover la literatura y el arte en general. 

Comala: ¿Cómo defines tu poesía?
Gabriela: Lo que te puedo decir es que crecí con la filosofía de que si uno se decide a 
hacer algo tiene que hacerlo bien. Aunque para lograrlo se le vaya la vida. 
Por esfuerzo no queda. 

Comala: ¿Cuáles son tus planes a futuro? 
Gabriela: Tengo muchos libros por leer y con suerte escriba uno que valga la pena

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