Jean Jacques Annaud
Por: Yess Campos

El cine histórico no podría ser mejor sin el talento de Jean Jacques Annaud, uno de los grandes directores europeos que puede sentirse afortunado de conjugar el cine de arte con el cine comercial. Sus filmes son solo el reflejo de su incesante búsqueda de la perfección y su obra es un viaje a través del tiempo.
De nacionalidad francesa y teniendo sus inicios en el mundo publicitario, Jean Jacques Annaud debutó en el cine con su primer filme realizado a mediados de los años 70, llamado Blanco y Negro en color (1979), una película que de inmediato lo colocó entre los grandes gracias al premio oscar que recibió en la categoría de mejor película extranjera.
A partir de ahí, dedicó sus esfuerzos a conseguir producciones ambiciosas y difíciles de lograr, en las que se destaca el filme En busca del fuego (1981), una de las pocas películas bien logradas ambientada en la prehistoria, basada en la novela de J.H. Rosny.
Annaud es reconocido por su enorme facilidad de adaptar grandes obras literarias a la pantalla, ejemplo de ello, son sus filmes El oso (1988), El nombre de la Rosa (1986), el filme erótico El amante (1992), basado en la novela de Marguerite Duras, y la súper producción estadounidense protagonizada por Brad Pitt Siete años en el Tíbet (1997).
Sus filmes presentan a personajes que se encuentran en constante lucha con ambientes hostiles y opresivos, la naturaleza en su obra puede llegar a ser tan cruel como el mundo material. Sin embargo, es el equilibrio lo que hace que sus películas sean alabadas por la crítica internacional, ya que tratan temas universales como el amor, la amistad, la guerra, la violencia, la ecología, el maltrato a los animales, los malos gobiernos, el sexo, el erotismo, la hipocresía y la falta de libertad.
Su más reciente filme casi experimental, Su majestad Minor (2006), es una fábula sobre lo efímero del poder, un claro ejemplo de su constante búsqueda de retos y proyectos no tan sencillos.
Al final, este director no tan prolífico, nos atrapa con momentos únicos, los cuales son verdaderamente difíciles de olvidar, y que cautivan algunas veces hasta al más exigente de los espectadores.