Joaquín Mortiz
Por: Staff Comala
Recuerdo cuando los libros mexicanos eran más bonitos, cuando las portadas y el cuidado de los mismos estaban hechos con amor. Cuando te daban ganas de cuidarlos de la mejor manera, porque sabías que el costo estaba bien justificado. Y todo gracias a las editoriales, las cuales hacían bien su trabajo, que ahora con su visión comercial han despreciado el libro en sí y se han avorazado sobre las ventas, ofreciendo productos mediocres e historias simplonas.
Durante las siguientes semanas trataremos en Revista Comala de hacer un pequeño análisis de las editoriales en el país, ver cuales son sus errores y aciertos, cuáles están preocupadas por las ventas, cuales por la cultura y cuales por las dos. Cuales han logrado engrandecer el catálogo de las letras mundiales y cuáles nos han entregado libros infumables.
Para empezar este análisis quiero hablar primero de una editorial que marcó historia en las letras mexicanas, una editorial que servía de punta de lanza para todos los escritores primerizos, que abrió las puertas a muchos ahora consagrados. Me refiero a la Editorial mexicana Joaquín Mortiz, Editorial que tristemente está técnicamente muerta, que su nueva dueña: Editorial Planeta, ha dejando de importarle el destino de la mismas.
Hasta el día de su muerte, en 1999, Joaquín Díez-Canedo fue un referente fundamental de la literatura y la industria editorial de la segunda mitad del siglo XX mexicano. No sólo por haber fundado el sello Joaquín Mortiz, en 1962, o porque su catálogo se volvió indispensable, sino porque se convirtió en una verdadera guía para muchos de los escritores hoy consolidados.
Era una editorial provocadora, una editorial que buscaba innovar, mostrar caras frescas, que no pensaba en las perdidas sino en el bien cultural, una empresa nacida para el riesgo editorial, que cuando triunfaba todos aplaudían y cuando caía de cualquier manera había aplausos, porque sabían que siempre estaban al filo de la navaja jugándose el dinero.
Entre sus primeras obras publicadas estuvieron Oficio de tinieblas, de Rosario Castellanos; Las tierras flacas, de Agustín Yáñez; La feria, de Juan José Arreola; Los recuerdos del porvenir, de Elena Garro; Los albañiles, de Vicente Leñero; Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia, o Ladera este, de Octa
Las diversas crisis económicas que enfrentó el país en los años ochenta llevaron a los directivos a vender a la Editorial al Grupo Planeta, quien prometió mantener la mística de la misma, seguir impulsando a los nuevos escritores y ser la casa de los consagrados. Esta visión y misión duró poco. Planeta se encargo de ir desmembrando a la editorial con el paso de los años.
La primera acción buena que ejerció Planeta en Joaquín Mortiz fue la creación del Premio de Novela Joaquín Mortiz, el cual dieron por finalizado en el año 2001, lo que empezó la caída de la editorial. A esto hay que agregarle que Planeta se fue transformando en una empresa cultural que traicionó sus valores y su política empresarial al comenzar a darle prioridad a los libros de autoayuda.
La gota que derramó el vaso fue la inclusión de extranjeros en el catálogo de Joaquín Mortiz, ésta editorial era como las Chivas de las letras, no se permitían foráneos en sus filas, y no por ser xenofóbicos, sino por la política editorial de ser impulsora del talento nacional. Lo que generó grandes elogios a nivel mundial, al ser prácticamente exportadores de cultura mexicana, porque sus libros la misma editorial los llevaba al extranjero a través de acuerdos con editoriales extranjeras.
A partir de la desaparición del premio de novela la editorial fue perdiendo peso en Grupo Planeta, la relegaron a 5 o 10 publicaciones al año, algunos de los casos eran reediciones. La distribución bajo considerablemente, en muchos estados de la Republica no era posible encontrar los libros de Mortiz. La comunidad literaria alzó la voz, pero no causo ningún eco. Planeta ya tenía tirado el destino de la Editorial.
Actualmente Joaquín Mortiz no figura por ningún lado, la tradición ha muerto, la posibilidad de tener una editorial impulsora parece imposible, ahora Planeta se preocupa por sus libros provenientes de España y han descuidado el mercado nacional. Es triste que una empresa cultural Mortiz haya muerto tan simple y llana, sin nadie que le llore o nadie que la piense revivir.