Jorge Drexler: Amar la Trama
Por: Nelson Araujo Villanueva

En la vida, inevitablemente llega el momento en que te detienes y piensas en el recorrido que has hecho hasta llegar al punto en que te encuentras, cuánto has avanzado y lo que falta por avanzar; irremediablemente te das cuenta que tienes que llegar a un destino, y tus acciones se enfocan en llegar a el; sin embargo, poca atención le prestas a lo ocurrido entre la trayectoria recorrida para llegar del punto A al punto B…
Esa es precisamente la consigna del nuevo disco del cantautor uruguayo, Jorge Drexler, (décimo de su carrera), una obra introspectiva e íntima, en la que analiza someramente los pasos ya dados, invitando a que el escucha ponga los suyos en la misma fase, “amando la trama más que el desenlace”, es decir, atesorar esos momentos que se van presentando en el desarrollo de la vida: los grandes, los chicos, los importantes y los cotidianos que dan sentido a la vida. Y escribo someramente porque abarcar una vida con tantos acontecimientos y éxitos como la de Drexler sería algo de nunca acabar. Nacido hace 46 años en Montevideo, producto de la unión entre un inmigrante alemán judío y una uruguaya, a los 11 ya tocaba piano y empezaba a estudiar guitarra clásica, ganador de un sinnúmero de concursos literarios antes de emprender vuelo en la música, cuya calidad hizo que el mismísimo Sabina lo llevara hacia España, el ganador de un Oscar (por la canción Al Otro Lado del Río de la película Diarios de Motocicleta); en fin, sería algo casi imposible de materializar en los casi 46 minutos que dura el material.
Pero eso poco importa, porque en este trabajo no cuenta el principio o el final, sino el medio, incluso tampoco importó sorprendernos con la forma de grabarlo: en un set de televisión, con una veintena de personas en cada sesión, plasmando así la magia de la interpretación en directo y dejando de lado la frialdad del estudio y priorizando el trabajo humano sobre la tecnología, convirtiendo en algo sincero y cálido; con letras honestas y hermosas disímbolas, unas de despecho (inherentes a él por su sangre judía) de amor, de recuerdos y de cosas cotidianas, convirtiéndose en algo nuestro y a la vez fuera de este mundo; con una brillante sección de vientos que te tendrán tarareando el resto del día, por percusiones calientes, por guitarras diáfanas... Todo tratado con un cuidado y un buen gusto que atrapa, que encandila sin remedio.
A todo este rollo, la conclusión es: ESCÚCHALO. Uno tiene la sensación de que el gran reloj de arena para, que el mundo es un lugar bueno para vivir, todo con ese talento que Drexler tiene para unir a los más diversos oyentes con la bandera de la excelencia musical levantada en lo más alto del asta de su propuesta…