Las Teclas de Brida: sexos en guerra

Por: Brida

Hace poco estaba platicando con una amiga, de lo mal que nos va en cuestión de amores y no es que seamos feas, yo creo que somos exigentes, en fin, el punto es que ella me dijo: ¡Creo que me volveré lesbiana! Solté una carcajada que no pude evitar, los transeúntes se volvieron a verme y ahí reparé que tal vez mi espontaneidad es lo que asusta a los machos.

Ella se quedó muy seria, incluso creo que hasta su mirada cambió, me dijo: piénsalo bien, no está tan descabellada la idea, como mujeres sabemos lo que nos gusta y lo que no, sabemos respetar, somos fieles y si te pones a pensar cuántos divorcios existen tan sólo en Monterrey, te asustarías.

Su teoría me hizo reflexionar, pensé en los siete años que desperdicié con un wey, que me puso el cuerno, que no me dejaba salir sin él, que me aclaraba la cantidad de dinero que podíamos gastar cuando me invitaba a salir y en su precocidad en la intimidad.  

Luego pensé en mi amiga a quien llamaré Eugenia, nuestros momentos juntas, las charlas profundas, las parrandas, el apoyo incondicional, la llamadita sólo para saludar, su compañía en reuniones familiares, que cada año soporto menos, la complicidad total.

Realmente, si el amor fuera así, con la honestidad y entrega que se le brinda a un mejor amigo, no tendríamos los reclamos, los golpes, los divorcios que diariamente vemos con gente conocida o hasta en la noticias.

Si nuestra forma de actuar y hablar con los amigos no cambiara cuando está la pareja, si pudiéramos decirle a un amigo varón que lo queremos y darle un abrazo delante de nuestro novio o esposo, o él delante de nosotras,  entonces, y sólo entonces, la relación sería sana y digna de celebrarse hasta que la muerte los separe, pero en lugar de eso, los hombres y las mujeres vivimos en guerra sin cuartel, revisando celulares, (llamadas y mensajitos) la visita “sorpresa” a la oficina, discutiendo sobre quién tomará la decisión en cuanto a la escuela de los hijos, el color de las paredes, la película en el cine, la ropa que se pueden poner, bueno, hasta el corte y/o tiente del cabello. Sólo pelear por tener razón, por saber quien “gana”, quien domina.

Luego las féminas nos justificamos diciendo que conocemos a las de nuestra especie, a las secretarias resbalosas, a las viejas urgidas y necesitadas, lo cual nos “permite” ser celosas. ERROR. Lo mismo pueden pensar ellos, se conocen su instinto, su disque voz de galán, su historia de víctima y sufrido, que también nos hace caer.

La realidad es que cuando tu mejor amigo (a), es tu pareja, ya llevas una gran ventaja en la relación y otra buena solución sería “sólo disfrutar” pero tal como decía Freud, “el placer es asexual”, y así mi amiga Eugenia, no está tan loca… pensándolo bien, es linda, es mi mejor amiga y creo que en este momento la voy a llamar.

!Abur¡

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