Las Teclas de Brida 3: ¿Liberadas o Reprimidas?

Por: Brida

Mis juevecitos son sagrados, es donde comparto con amigas entrañables, sucesos, chismes, lagrimas, TODO lo que se le puede confiar al más cercano de los amigos. Supuestamente lo hacemos sin juicio alguno, sólo con la hermandad de la unión.

El pasado jueves la plática se tornó “sucia”, morbosa, justo como me gusta. Silvia, una de ellas, pregunta si alguna de nostras gritamos cuando hacemos el amor, Katia fue la primera en responder con un: ¡Claro!, ¿tú no? Silvia cuestionó: pero ¿cómo gritas o qué gritas? Y las clases de educación sexual empezaron entre margaritas de mango y alitas picosas.

Katia, quien parece la más experimentada, (aunque más que eso, creo que es la de menos tapujos, la libre, la que goza) describe algunas de sus frases calientes: estás bien rico, me encantas, la tienes… bueno, ésta es una revista familiar, omitiré el resto.

Brenda la más seriecita, también ayuda con las imágenes descriptivas y yo sólo me divertía imaginándolas, vestidas de vaqueras. Debo confesar que también hice algún comentario, pero como yo soy la que escribe, pues guardare eso para mí.

Luego, en el tono más formal de la plática surge el tema dónde Katia evoca sus 10 años de amor, con un hombre casado y la diferencia que había entre ella y “la mujer” del tipo infiel.

Katia era para gozarse, aún si eran 30 minutos, ahí no había reclamos, ni playeras fachosas, ni pedidas de dinero, ni quejas de los niños.

El placer era el contrato entre ellos, divertirse, bailar, salir, vivir, amarse sin compromisos, sin exigencias, sin lucha de poder, sabiendo la condición de cada cual y aceptándola.

Ambos fueron felices, no por nada funcionaron 10 años. El susodicho terminó divorciado de su esposa. Katia, no quiso comprometerse, le gusta el papel de novia. Concuerdo con ella en que es el mejor estado del amor, cuando te preocupa quedar bien, lucirte, arreglarte por y para él, mantenerte esbelta, esperarlo en casa, en el chat, en el teléfono, donde sea.

No puedo sugerir que es mejor ser la amante que la esposa, eso depende de cada quien, no he vivido ninguna de las dos experiencias. Ahora soy la “quedante” de alguien culto, sincero, caballeroso, que me hace soñar dormida y despierta, a quien anhelo ver cada día, y aunque no me gusta que llegue el momento en que se va de mi lado cuando coincidimos, sus brazos envolventes son como el elíxir de mi vida, como la dosis del drogadicto, como el trago del alcohólico.

Yo temo liberarme como Katia, si esa imagen de mujer fatal puede agredir a un ser como “el mío”, si le puede causar desconfianza, o tanta liberación que me catalogue de zorra. Por lo pronto, no lo experimentaré, me conformo con sus brazos cálidos previos a la partida.

Si aún no me atrevo a besarlo más que en mis fantasías, dudo mucho alcanzar ese grado de liberación que recomendó Katia, aunque la vedad, se me antojó ¡cañón!

blog comments powered by Disqus