Los Puentes de Königsberg

Por: Rubén Eduardo

La novela más reciente de David Toscana, Los Puentes de Königsberg, termina por reflejar el estilo del escritor regiomontano, como él mismo lo ha dicho: me he fumado todas las colillas de cigarro y he llevado mi estética al máximo. En esta novela donde hay niñas desaparecidas y actores que encarnan día a día a diferentes personajes termina por mezclar la realidad y la ficción en una sola, en la novela de portada roja como lectores no sabremos qué es realidad y qué no. Y como se los dije en las reseñas anteriores distinguir entre cierto y falso pasa a convertirse en algo irrelevante. Lo que de verdad importa es el corazón de la novela.

Toscana para mí es la máxima expresión para entender que la literatura nace del corazón, que ese lugar común que es el alma sí existe. En cada una de sus páginas podemos ver cómo se juega la vida y deja un pedazo de él para alcanzar la estética literaria que pretende. Novelas donde se juegue con la imaginación y el corazón vaya por delante. David ha dicho que él ve cada una de sus novelas como grandes poemas, que en cada capítulo, o mini-capítulos como a él prefiere, busca escribir un poema que resulte hermoso al odio y a los ojos, que transporte al lector y lo lleve lejos del calor, del frío, de la violencia o de la soledad. En otras palabras a Toscana no le importa que digan que novela tan inteligente, Toscana busca que cada lector diga que novela tan hermosa.

Los Puentes de Königsberg narra la historia de Floro, Blasco y el Polaco un trío de hombres que se la viven borrachos, como muchos personajes de Toscana el cual ya es considerado un tema recurrente en su narrativa, estos tres hombres viven su propia Segunda Guerra Mundial sin salir de la Ciudad de Monterrey, en la novela interpretarán a todo tipo de personajes porque la guerra está pasando en su mente. Es aquí cuando llega la pregunta. ¿Cuál es la diferencia en morir en los recuerdos o morir de verdad? Paralelamente a sus desvaríos de combatientes de la Segunda Guerra los tres hombres tienen una fascinación por las niñas desaparecidas, una época donde los padres pagaban pesquisas añorando el regreso de las hijas.

En esta novela Toscana sigue reinventándose, la historia luce fresca y audaz, poniendo a prueba a los lectores y poniéndose a prueba a él mismo, con una serie de juegos literarios apasionantes y emocionantes. Es entrar a un lugar donde no sabes dónde vas a parar o quien está conduciendo. David Toscana regresa recargado con poesía hay fragmentos de la novela que bien podrían encajar en un poemario perfectamente, aunque repito, yo no soy un conocedor de poesía, pero siento que Toscana ha tocado un punto muy alto en la literatura.

Como buena novela del escritor regio la historia se desarrolla en Monterrey, en ella vemos características de la sociedad regiomontana, algo que resulta interesante es el amor que los regios tenían por los nazis, muchos incluso pensaron que iban a ganar la guerra, al ver que no era así tuvieron que ocultar las banderas y alinearse con los rusos y los gringos. Hay un capitulo en especial que se encuentra en la página 226. Es un capítulo controvertido, cargado de ironía, cargado de frustración y de un deseo de cambiar la historia de la ciudad. En el capítulo escuchamos hablar a Toscana y a sus personajes. Es una canción de odio a la ciudad, pero que dentro lleva una melodía que dice: no te puedo dejar. Toscana ama y odia a Monterrey.

En la historia no importa el principio o el final, no importan si las niñas regresaron o se quedaron perdidas, no importa si Floro, Blasco y el Polaco ganan o pierden la guerra, lo que realmente importa de esta obra son los sentimientos de los personajes, sus frustraciones y sus amores secretos, amores que veremos desarrollados en las novelas. Entendiendo que es difícil amar en silencio. Los personajes de Toscana caminan por las calles de Monterrey imaginando y creando una realidad que los hace felices, alejados del calor y de las obras y el trabajo rudo. Toscana logra darles una vida propia y un corazón que late fuerte a sus personajes.

Los Puentes de Königsberg es una obra mayúscula, una obra donde David Toscana ratifica que merece el lugar que tiene. Donde a pulso se gana un lugar dentro de las mejores plumas de su generación. Me quedo con una frase de las solapas del libro: a decir de Onetti, Toscana es un hombre hecho, es decir deshecho, como todos los hombres de su edad cuando no son extraordinarios.

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