Luis Buñuel

Por: Juan Carlos Snyder

Durante el exilio de la Guerra Civil de España, muchos artistas e intelectuales llegan a nuestro país. El más universal de los realizadores españoles desterrados, Luis Buñuel (1900-1983), tenía ya antes de su exilio una cierta fama como cineasta debida a la dirección de dos filmes surrealistas (Un chien andalou, 1929; y L’âge d’or, 1930) y un descarnado documental sobre Las Hurdes (Tierra sin pan, 1932). En los años inmediatamente anteriores a la guerra creará con Ricardo María Urgoiti la productora Filmófono, para la que Buñuel produce y supervisa cuatro películas (Don Quintín el Amargao, 1935, de Luis Marquina; La hija de Juan Simón, 1935, de José Luis Sáenz de Heredia; ¿Quién me quiere a mí?, 1936, de José Luis Sáenz de Heredia; y ¡Centinela alerta!, 1936, de Jean Grémillon; Eduardo Ugarte fue guionista de la primera y las dos últimas, y dialoguista de la segunda); pero el inicio de la contienda dará al traste con la continuidad del proyecto y Buñuel se pone al servicio de la República que, en septiembre de 1936, le destina como agregado cultural –aunque sus actividades no son exclusivamente culturales– en la embajada española en París, cargo desde el que asesorará el montaje del film propagandístico Espagne 1937 (España leal en armas, 1937, de Jean-Paul Le Chanois).

El final de la contienda le sorprende, sin embargo, en Hollywood, donde Buñuel había llegado en 1938 con la misión de supervisar dos películas sobre la guerra española que nunca llegaron a rodarse. En la meca del cine, el joven director se queda de repente sin trabajo y sin la posibilidad de volver a su país. En enero de 1941 Buñuel es contratado como asesor y montador jefe de documentales en el Departamento de Asuntos Interamericanos de Museo de Arte Moderno de Nueva York, e inicia los trámites para obtener la nacionalidad norteamericana; pero el acoso de los sectores reaccionarios obligó al Museo a prescindir, en junio de 1943, de sus servicios. Se traslada de nuevo a Hollywood donde al año siguiente empieza a trabajar para la Warner Bros como productor ejecutivo de versiones españolas que nunca llegaron a hacerse y Buñuel acabará ejerciendo, durante poco más de un año, de director de doblaje; allí intentará, sin conseguirlo, llevar al celuloide algunos proyectos personales.

Fue la industria mexicana la que dio a Buñuel la posibilidad de volver a situarse detrás de la cámara después de diez años. En 1946 Buñuel se traslada a México para dirigir una versión de La casa de Bernarda Alba que nunca llegaría a realizarse; pero, una vez allí, el director aragonés contacta con el productor Óscar Dancigers quien le encarga la realización del musical Gran Casino (1947), protagonizada por Jorge Negrete y Libertad Lamarqu . El fracaso de este primer proyecto mexicano, dejó a Buñuel en dique seco durante dos años, período que aprovechará para escribir, junto con el también exiliado Juan Larrea, el guión de Ilegible hijo de flauta, que nunca llegaría a rodarse, y preparar, junto con otro refugiado republicano, Luis Alcoriza, la que será su primera obra personal en el exilio mexicano: Los olvidados. En 1949 Dancigers vuelve a confiar en Buñuel y le ofrece la dirección de El gran calavera, comedia a medida del actor Fernando Soler que, esta vez sí, fue un gran éxito de taquilla.

A partir de ese momento, la carrera de Luis Buñuel despega. El éxito de su película hace posible que el proyecto de Los olvidados se haga realidad en 1950 y obtenga, pese al poco éxito y los muchos problemas que ocasionó a su director –casi todos, desde parte del equipo de rodaje hasta ciertos sectores de la crítica, pasando por los sindicatos, rechazaron la imagen que el director ofrecía de México–, el Premio a la Mejor Dirección y el de la Crítica Internacional en el Festival de Cannes de 1951. El mejor Buñuel, el de Un chien andalou y L’âge d’or, había reaparecido reencarnado en un realizador mexicano.

En realidad, el director de Calanda se adaptó con enorme facilidad al funcionamiento de la industria cinematográfica de su patria de adopción. Rodando en un máximo de tres semanas, con escasos medios y con actores muchas veces impuestos, el genio del aragonés se mueve como pez en el agua en el ámbito del melodrama o la comedia, al que Buñuel añade siempre, aunque sea en detalles mínimos, la presencia de lo subterráneo, la simbología surrealista; alternará, de ese modo, la realización de películas más o menos “alimenticias” –en las que, a pesar de todo, siempre puede reconocerse la impronta buñueliana-- con obras más personales.

Bibliografía

ARANDA, J. Francisco, Luis Buñuel. Biografía crítica, Barcelona, Lumen, 1969.
ARANDA, J.Francisco, «Recuerdo del cine español emigrado», Arte fotográfico, 237 (septiembre 1971); págs.
AUB, Max, Sierra de Teruel, México, Era, 1968.
AUB, Max, Conversaciones con Buñuel, Madrid, Aguilar, 1985.

 
blog comments powered by Disqus