Moon
Por: Dan Campos

El debut fílmico del director Duncan Jones llama la atención y no solamente porque el realizador sea el descendiente directo de David Bowie, sino porque nos recuerda cómo la buena ciencia ficción no necesita grandes presupuestos o un absurdo 3D, sino que con un excelente guión y una cuidada producción se puede solventar el presupuesto más mezquino.
La cinta, rodada en 33 días (y que no por eso le ponen el número 33 al título, como a cierta porquería de pseudo ciencia ficción hecha en México) y con un presupuesto de 5 millones de dólares trata sobre la vida de Sam Bell (interpretado por el genial Sam Rockwell), quien tiene un contrato para trabajar en nuestro satélite por parte de Industrias Lunar. Sam ha vivido todo este tiempo sin compañía humana, aunque afortunadamente puede grabar y enviar mensajes a su esposa. Por otra parte, la inteligencia artificial de GERTY (con la voz de Kevin Spacey), que a diferencia del clásico HAL está siempre al cuidado de nuestro personaje principal, para facilitarle la vida y la misión. Todo va tranquilamente en la vida rutinaria de Sam, quien cuenta las dos semanas que faltan para terminar su estancia y regresar a la tierra, cuando de pronto, al salir a una misión se encuentra con el cuerpo de una persona increíblemente familiar, ya que después de todo, tiene su mismo rostro. ¿Qué es lo que ocurre con Sam? ¿Acaso el confinamiento sin contacto humano le ha empezado a afectar, alterando sus capacidades mentales? ¿O acaso hay algo más obscuro detrás de esta historia?
Duncan Jones tiene experiencia en el manejo de presupuestos bajos para la creación de efectos especiales. Gracias a este conocimiento es que manejando cantidades modestas de dinero, especialmente considerando lo que se gasta cualquier estudio gringo, es que puede mostrarnos de manera convincente un entorno lunar en donde se desarrolla nuestra historia. En la misma línea, tiene un manejo de espacios que ayuda a compartirnos la sensación de aprisionamiento que debe de tener nuestro personaje principal, ya que aunque tenga espacios para recreación, imagínense vivir un bunker espacial sin tener contacto directo con otra persona.
A pesar de la eficiente dirección, la cinta no llegaría a más si no contara con la peculiar voz de Kevin Spacey como la computadora compañera de Sam, pero especialmente es la actuación de Sam Rockwel la que hace que la cinta valga la pena. Si bien ya ha demostrado ser increíblemente capaz de mostrarnos a personajes desquisiables, la cinta es su gran mérito, ya que aparece en prácticamente todos los momentos de los 97 minutos que dura la película, haciéndola un show de un sólo hombre (o eso podría parecer).
En la parte musical, Clint Mansell hace su aparición con la creación de varios temas que funcionan de manera increíblemente efectiva para tensionar al espectador. Complementándolo está un diseño visual atractivo que nos recuerda que los entornos futuristas no deben de parecer salidos de un comercial de Apple, sino que como Ridley Scott nos lo mostró años atrás, también pueden ser de corte industrial, mostrándonos un enfoque más realista de cómo puede funcionar una planta que cultiva Hidrógeno 3 en la luna a la vez que ayuda a crear una atmósfera más cercana al espectador. Mención aparte tiene el aspecto de GERTY, que le da una nueva connotación a algo tan representativo y reconocible como un emóticon de Messenger.
A pesar de tener varios errores de continuidad, Moon es una cinta increíblemente recomendable. Actualmente se muestra como parte del foro de la Cineteca Nacional, así que si pueden asistir a verla, háganlo. No se arrepentirán. Una película que nos muestra que la ciencia ficción no necesita el presupuesto del osito bimbo para funcionar, sino a alguien pensante detrás (y en frente) de la cámara.