Opeth

Por: Nelson Araujo Villanueva

Aunque he leído y escuchado a lo largo de mi vida muchas críticas en torno a Opeth, la exitosa banda sueca de death metal y metal progresivo formada en 1990; la misma que se ha convertido en una de mis bandas favoritas, la razón es prácticamente por esta pieza de arte: “Still Life”, que vio la luz en el año 1999.

Existen varias hipótesis sobre el nombre de la banda, fundada por Mikael Åkerfeldt y David Isberg; la más recurrida, enuncia que fue tomado de la novela The Sunbird del novelista zambiano Wilbur Smith, en la cual hay una ciudad fenicia bautizada “Opet” en las profundidades de la jungla africana y significa, en la lengua local: “La ciudad donde reside la luna”. Aunque Isberg se fue de la banda en 1992, ésta continua activa con Åkerfeldt al frente.

Sea como sea, el disco arriba mencionado; cuarto en la carrera de la banda, es el aterrizaje a la madurez, la aventura de hacer un disco conceptual, hacer letras elaboradas, la composición inteligente; y entregar una historia sensible y oscura, esa dualidad de sentimientos, que sólo una mujer sabe provocar.

En primera instancia, lo que llamó mi atención fue la portada del disco, tan típica en las bandas de metal, pero tan diferente con su carmesí intenso, la mujer con la lágrima a medio caer y de fondo lo que parece ser un cementerio. Ya escuchando el disco, dilucidas que se trata de la historia trágica de un hombre que regresa a casa después de ser condenado al destierro con un único objetivo: recuperar a su amada Melinda (hermoso nombre, por cierto).

Entrando a la música, Still Life cuenta con 7 temas, que rondan entre los 5 y los 11 minutos; comienza con “The Moor”, un intro lúgubre, como cuando alguien está a punto de contarte una de esas historias que nunca vas a olvidar; una melodía acústica entra y después locura total. Aquí se dan gruñidos y voces rasgadas del metal que a mucha gente no le agrada (antes de éste álbum a mí tampoco me gustaban), pero Åkerfeldt tiene uno de los mejores gritos que puedes escuchar, sin alteraciones de computadora, y aunque no está cantando, puedes entender coherentemente lo que está diciendo: “Melinda is the reason I´ve come” frase clave del desarrollo del álbum. Cabe destacar que la transición de las partes te llegan de una forma que no puedes imaginar, una sensación de poder en la parte de la nuca, como si alguien te rescatara de la muerte segura en un desierto; hermoso y agonizante son las palabras que podrían definir la finalización de la canción.

Godhead´s Lament” es el segundo track. Empieza fuerte, y el que empieza a robar cámara con sus percusiones y golpeteos furiosos es el baterista Martin Lopez. Se dan aquí las armonías de guitarra entre Åkerfeldt y el otro guitarrista, Peter Lindgren; tocando al mismo tiempo, partes diferentes, que se armonizan in situ, en un diálogo fluido de un idioma que no entendemos, pero que sabemos comprender la belleza del mismo, solos de guitarra a la Alan Holdsworth (cada quien en su respectivo nivel, por que Alan es un dios de la guitarra). En la historia, es la duda que tiene nuestro protagonista sobre si quedarse exiliado o luchar por Melinda, decidiéndose por esto último.

Benighted” es la calma; el enorme oasis en medio del desierto nocturno, aquí no hay voces rasgadas, solo una hermosa canción acústica disfrutable, donde Åkerfeldt demuestra que sí sabe cantar. Con su voz, nuestro anónimo héroe le lee una carta de amor a Melinda para convencerla de que se escape con él.  

Moonlapse Vertigo” demuestra que cada canción del disco tiene una identidad sólida. Las voces raspadas vuelve y el baterista Lopez de nuevo te deja con la boca abierta en el outro, un ritmo feliz contrastante con lo que dicen las palabras; es decir, los pensamientos de nuestro protagonista, que siente que le queda muy poco tiempo para convencer a Melinda, pues lo matarían por violar la ley sobre el exilio.

Face of Melinda”. En una entrevista, Åkerfeldt dijo que ésta fue la primer letra que escribió “rimada” en todos sus versos; no tiene gruñidos, solo la voz “limpia” de Åkerfeldt, su riff acústico empieza tranquilo, y sube de tono hacia el final de la canción con la batería de López, creando una atmósfera perfecta. Perfecta para escuchar que nuestro protagonista se encuentra con Melinda, le pide perdón por sus errores del pasado; y ella, aun y cuando esta comprometida con otro, lo sigue amando.

Si el disco a estas alturas te parece pesado y algo denso, la variada “Serenity Painted Death” se come todo lo anterior, Opeth aquí jazzea, se descompone, se expande, Åkerfeldt alterna entre gritos y voces calmadas, su habilidad es impresionante. Y los gritos reflejan el enorme dolor no mesurable al ver a Melinda “con una línea roja en su cuello y el rostro pálido”, tras ser asesinada por las personas que lo exiliaron como prueba de venganza. Él toma venganza en sus manos y los mata, pero antes de terminar, es capturado y apresado.

Para finalizar este viaje tan intenso, “White Cluster” es la mejor forma. Con la clásica formula de Opeth: guitarras en armonía, el bajo frenético y la batería revienta cabezas. Y al final, calma. La historia concluye con su juicio, le piden a nuestro héroe que se arrepienta, el se niega y es muerto en la horca frente a una multitud que susurra y se asquea. Al morir, ve la mano de Melinda que lo acompaña más allá de la muerte…

Una excelente obra de arte, que te queda mejor a la segunda o tercera vez que lo oyes, acostumbrarse a los gruñidos, si no eres fan del metal, cuesta un poco, pero vale la pena por que es la única forma de emitir el dolor y la frustración mas allá de llorar o hacer la voz como niña como lo hacen varios. Musical, lírica y conceptualmente es el mejor Opeth: una historia sombría de amor perdido, con la muerte como factor principal, algo de Death Metal, Prog Rock, incluso de jazz con ritmos latinos, ello, en virtud de la relación de hermandad que los suecos tienen con Chile, desde los tiempos de Harald Edelstam “El Clavel Negro”, quien se desempeñó como Embajador de Suecia en Chile durante el gobierno de Salvador Allende y  luego del golpe de estado en 1973 asumió una valiente actitud solidaria salvando la vida de miles de personas perseguidas o apresadas por la dictadura de Augusto Pinochet, al sacarlas del país, enviándolas a Suecia, por tal motivo ves muchos López, Mendez y Gutierrez que son suecos, descendientes de chilenos que se arraigaron en dicha cultura. Pero bueno, me estoy desviando del tema. Disfruta el disco de Opeth. Una vez que superas los gritos, merece que lo atesores.

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