País de muertos: crónicas contra la impunidad

Por: Rubén Eduardo

Carlos Loret de Mola en su noticiero alguna vez dijo que en este país lo más difícil era caer en la cárcel. El crimen en México no tiene castigo. Hemos vivido en una impunidad total. El periodismo del país se ha encargado de hacer denuncias y tratar de causar eco en las autoridades y la sociedad. Las librerías están inundadas de este tipo de libros, que tristemente muchas veces quedan en el olvido. Ahora me quiero detener y hablar de uno, que vuelve a ser una trinchera de lucha que busca tumbar los muros que nos aquejan.

País de muertos: crónicas contra la impunidad es un libro que toma una de las tantas muertes -aunque suene perverso- que suceden en México. 14 cronistas las retratan y las hacen públicas, buscando sacar a la luz la barbarie que se vive en nuestro país. El libro no es hablar por hablar, no es caer en el morbo o las imágenes horripilantes para vender libros. Es un experimento periodístico bien fundamentado que combina la investigación y la narrativa.  

Diego Enrique Osorno es el encargado de reunir los textos del libro. Los cuales abarcan siniestros como la Sonda de Campeche, Pasta de Conchos, la guardería ABC, muertes en operativos federales, las matanzas del narco en Creel, Chihuahua, casos de una persona como un maestro de ping pong en Toluca, un secuestro en la Ciudad de México, masacres indígenas en Acteal o la muerte de un periodista independiente en Oaxaca.

Los periodistas toman este acercamiento con la muerte para marcar los errores que la autoridad ha cometido, exhibirlos y buscar que, como los muertos, se terminen olvidando de ellos. Se busca un país donde la justicia comience a existir, no uno donde cada quien pueda hacer lo que le de la gana. Lo que llama la atención es el tono de desesperación de los periodistas que escriben, pareciera que nadie abre los ojos y buscamos vivir en un país de ciegos, donde nunca pasa nada.

Los escritores no sólo investigaron y retrataron sino que buscar sentir el mismo dolor, ser parte de una pena o de una injusticia. No se quedan en un papel cómodo de denunciante, quieren ir más allá. El dolor, que no debería de ser, pasa a ser un elemento de unidad entre los diversos sectores. El libro usa la peor parte de México para hacer despertar a las conciencias del mexicano.

Muchas preguntas se deben de hacer cuando se termina el libro: ¿Cuántos libros como este necesitamos? ¿Cuándo la autoridad hará algo? ¿Cuándo seremos un país de leyes? Lo terrible es que no se ve una respuesta. Estamos solos.

 

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