Presunto Culpable

Por: Dan Campos

El documental es un género que en tiempos recientes ha tenido una explosión bastante peculiar en nuestro país. Día a día hay más realizadores interesados en explotar dicho formato y se lanzan a capturar (no crear) historias para difundirlas a través de la pantalla. Desafortunadamente, el público en general ignora olímpicamente la importante producción nacional del género, y aunque se cuentan con foros itinerantes que lo promueven de manera importante, la realidad es que si al público mexicano no le importa el cine nacional, el documental simple y sencillamente no les interesa, sin embargo se pueden estar perdiendo de obras importantísimas como Los Ladrones Viejos, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo o la que es tema de esta entrega, Presunto Culpable.

Presunto culpable es una crónica sobre el deprimente sistema de “justicia” mexicano. Toño Zúñiga es un comerciante de Iztapalapa acusado de un crimen que no cometió. Mientras que eso suena a trama genérica de drama en la que una persona se encuentra en el lugar equivocado, en el momento equivocado y eso le provoca una serie de eventos desafortunados, sin embargo es el desarrollo de su historia, contada a través de los ojos de Roberto Hernández y Layda Negrete, el que nos muestra la triste realidad de un sistema viciado por la ineficacia.

No es secreto que para los mexicanos el sistema de justicia es una burla y que aunque hay muy honrosas excepciones en las que uno puede encontrar funcionarios eficientes y entregados a su vocación por el servicio del pueblo y la impartición de justicia, éstas son las menos. El caso de Toño es un claro ejemplo en el que, para agilizar “trámites innecesarios”, se procede a una persona y se le sentencia de manera abrupta, a pesar de que jamás se haya dado un seguimiento propio a las circunstancias por las cuales es encarcelado. Sentenciado por un juez que jamás asistió a una audiencia, sin prueba en su contra y condenado a veinte años de prisión por el homicidio de un hombre al que ni siquiera tocó. Es entonces cuando una pareja de abogados deciden tomar su caso y hacer lo posible por encontrarle justicia, al tiempo que documentan todo el proceso.

La realización del documental es llevada de manera efectiva para mostrarnos la frustración de nuestro personaje principal, así como el triste panorama que se les presenta a todos los que lo conocen y quieren, debido a que su caso parece no tener solución. Paralelo a esto se evidencian las condiciones en las que tiene que sobrevivir Toño y la manera en que las autoridades incompetentes pasaron (de noche) su caso y como se debe de forzar a las mismas para que se haga una revisión en vez de dar carpetazo inmediato para salir temprano.

Mientras que la narrativa del documental es muy bien llevada a cabo y su historia es atrayente, la edición final me pareció un poco sobreproducida, dándome la sensación por momentos de que estaba viendo un reportaje alargado para 60 minutos con los datos duros presentados en bonitas pantallas que, aunque apoyan un poco el resto de la historia, tienden a distraer del punto principal. Fuera de ese pequeño detalle al cual le pongo un ese pero por preferencias personales, el documental es una obra de vista obligatoria, no sólo por el trabajo importante que hace para crear conciencia social sobre este y otros casos similares que pueden estar ocurriendo en nuestro país, sino además por su valor como registro fílmico.

Cabe destacarse que mientras que fue exhibido y premiado en varios festivales, fue hasta el pasado Festival Internacional de Cine de Guadalajara en que se mostró lo que sería ya el corte final, ya que la resolución del caso finalmente había sido dada. Por esto y lo ya antes mencionado sobre la calidad del trabajo, no duden en acudir a su sala más cercana tan pronto llegue a exhibirse.

 
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