Rabioso Sol, Rabioso Cielo
Por: Dan Campos
Julián Hernández debe de ser el realizador mexicano más talentoso y más premiado, pero menos conocido, que tenemos en nuestra tres veces heroica patria en este momento. El director ya nos ha entregado cintas como “El cielo dividido” o “Mil nubes de paz cercan el cielo, amor, jamás acabarás de ser amor” y es de las contadísimas personas que han ganado en dos ocasiones el Teddy en el festival internacional de Berlín. Entonces, ¿por qué no se le hace tanto ruido como cuando Iñarritu gana algo en Cannes? La razón es simple, a pesar de que hemos tenido avances importantes en lo que a apertura de temáticas en nuestro país, todavía es difícil para alguien que en sus cintas explora la diversidad sexual encuentre una distribución comercial, quedando relegado de forma casi total a festivales y foros, aunque esto en cierta manera es bueno.
¿De qué trata Rabioso sol, rabioso cielo? El tagline de la cinta nos dice que “El cielo siempre se acuerda de los hombres capaces de sentir amor”. La sinopsis en sí nos dice que en la película “se retrata el amor como una epopeya de presente continuo que va de la realidad cotidiana a la lucha mítica en la que la pérdida y la muerte no son sino fases inevitables del dulce dolor que ayuda a tocar la felicidad absoluta”. Me perdonarán si me limito mucho en lo que a mi descripción de la cinta se refiere, pero me es muy difícil describir esta obra, ya que para mí, más que ser una película de más de tres horas de duración (192 minutos), es una experiencia brutalmente intensa en donde se hace un juego de emociones en la que nuestros personajes se descubren y se reencuentran en un ciclo de existencias desiguales y a la vez paralelas.
Los personajes principales de la cinta son Kieri (Jorge Becerra) y Ryo (Guillermo Villegas) y es a través de su historia de amor que somos transportados desde la cotidianeidad de la ciudad, en donde podemos ver varios de sus puntos más visibles y a la vez de los que menos nos percatamos, hasta poder llegar a un entorno de simbolismos mágicos en donde la naturaleza humana sufre una metamorfosis divina, y es en donde cobra una importancia peculiar Giovanna Zacarias, quien interpreta a Tatei, El Corazón del Cielo.
Si mi hermano Lalo me preguntara de que trata la cinta y lo pusiera de manera llana, podría decir que se trata de un par de “jotos” cogiendo y dándose un viaje, pero esta descripción es increíblemente simplista, aunque refleja la triste realidad de cómo podría ser percibida por el ancho de la población machista mexicana, ya que en realidad es la transmutación de la tradicional historia de amor, con sus momentos de desengaños y redescubrimientos, pero con una intensidad especial.
Lo que hace especial a la cinta es que Julián Hernández, apoyado por su fotógrafo Alejandro Cantú, nos llevan en un viaje en donde los detalles de la imagen son cuidados hermosamente, mostrándonos entornos cotidianos de una manera que a veces nos puede parecer indescriptible. El andar por la calle mientras nos cae un aguacero y decidimos dejarnos llevar por el placer de recibir la intensidad del cielo de manera despreocupada es solo una de las secuencias que nos transmiten una intensidad tangible del sentir de nuestros personajes, y esto es en lo que son los entornos cotidianos. Imagínense que es lo que podría ocurrirá cuando seamos transportados al interior de la tierra misma, y nuestros personajes transmutados en entes míticos se redescubren a través de la expresividad, el desconsuelo, la soledad y finalmente, la redención a través del amor más puro.
Nuevamente, el tratar de describir Rabioso Sol Rabioso Cielo como una película me es un tanto difícil, ya que no es la clásica cinta para la pantalla grande, sino que es toda una experiencia digna de ser vivida por el espectador con mente abierta, ya que no es una cinta que le recomendaría a cualquier persona. Para bien o para mal, su versión completa es la que pudo ser vista tanto en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, así como en el Festival de la Diversidad Mix, quedando una versión más corta (de un poco más de dos horas) para su corrida comercial, que honestamente, no creo que llegue a la cartelera de su cine más cercano, sino a festivales y muestras, así que si la llegan a ver programada y se sienten preparados, vayan a verla, no se arrepentirán en lo más mínimo.