Sombras Detrás de la Ventana

Por: Rubén Eduardo

Ir a la universidad, tener ciertos lujos, saber que, a pesar de los problemas económicos, al llegar a nuestra casa tenemos un plato de comida nos hace ver la vida diferente, nos hace pensar que todos tenemos las mismas condiciones, nos dejamos cegar por las personas que nos rodean y no miramos más allá de nuestra burbuja, donde las cosas bien o mal salen adelante.  Es por esto que es demasiado loable la propuesta literaria de escritores como Eduardo Antonio Parra, que con una excelente calidad como narrador rescata las historias del otro México, las historias de las personas que día a día se levantan sin saber de qué va o irá su vida. Parra nos demuestra que no hay grandes o pequeñas historias. Sólo hay vida.

Eduardo Antonio Parra es de los regiomontanos que nacen en el centro, guanajuatense de cuna y regiomontano por adopción. En él encontramos una de las propuestas más revitalizadoras y refrescantes de la literatura actual, sus relatos, sus cuentos, sus pequeñas historias trastocan el corazón de las personas que los leen, en su obra podemos encontrar un sin número de submundos en los cuales al inmiscuirnos observamos la vida de manera diferente, a través de sus cuentos nos damos cuenta que hay personas que todos los días se están jugando la vida, que una noche, una tarde o una mañana todo acabará, así sin más, porque la vida es de arrebatos y los humanos somos arrebatados.

Ediciones Era, CONACULTA, Fondo Editorial Nuevo León y la Universidad Autónoma de Nuevo León lanzaron recientemente al peleado mundo de las letras la recopilación de los cuentos de Eduardo Antonio Parra. Un libro que se hace indispensable en la biblioteca de todo lector mexicano. Bajo el nombre: Sombras detrás de la Ventana se reúnen los libros: Los límites de la noche (1996), Tierra de nadie (1999), Nadie los vio salir (2001) y Parábolas del silencio (2006). Cuatro libros que han colocado al cuentista mexicano como uno de los mejores en la historia de México. Lo que hace grande a Parra es que a cada cuento que pasa, a cada página que dejamos atrás vamos viendo una madurez literaria, vamos viendo como su talento crece y se reafirma, no hay cuentos que decepcionen o que luzcan flojos o débiles.

Enfrentarse al libro es poner un espejo a la vida, es enfrentarnos a muchas situaciones que como mexicanos no queremos saber o reconocer. Es tocar temas prohibidos o que nos dan vergüenza: prostitución, tráfico de drogas, relaciones homosexuales y violencia. Transitar por los cuentos de Eduardo Antonio es estremecernos en conocer la realidad de la vida, pero a pesar de la violencia o las situaciones perturbadoras que nos podamos encontrar en cada historia hay un trasfondo, un escenario de historias hermosas, de historias de hombres, de historias de sentimientos.

Al final de cuentas detrás de todas esas historias oscuras, negras o rojas se mueven personas que aman, que sufren, que ríen y que lloran. A Parra no le interesa copiar la primera plana de periódicos de nota roja, le interesa contar historias de hombres y mujeres que sienten y viven. Al lado del escritor regiomontano la violencia no es un recurso común o cliché, es una forma de descubrir la vida de manera completa y nueva. Es una forma de darle otra mirada o contemplar desde otra ventana la existencia del hombre.

Sombras detrás de la ventana es violento de acciones, pero hermoso de palabras. Sombras detrás de la ventana se desarrolla en lugares fascinantes, lugares que deambulan en una dualidad que no quiere ser definida: la frontera. Matamoros, Ciudad Juárez e incluso Monterrey sirven de escenario para las historias de Parra, y de verdad no existe mejor lugar para las historias de este escritor. Las fronteras son lugares aparte, lugares donde se disputa una batalla entre pensar y sentir como mexicano y desear vivir como estadounidense. En la frontera pasa todo y nada. En la frontera es posible matar y cometer vejaciones y vivir de manera tranquila, pero en la frontera también se vive la añoranza por el México perdido, por el México que parece lejos, que parece que se lo lleva la ola americana y su comida rápida, sus dólares y armas fáciles.

Leer a Parra es una experiencia revitalizadora, que te toca, estremece, te refleja, te apasiona y te entrega historias bellas, historias hermosas, historias de hombres y mujeres que a pesar de todo merecen ser contados y narrados. 

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