Una noche más de Nicotina
Por: Montserrat Rodríguez

Una noche más de nicotina. Viendo la televisión mi mente se despeja un poco. Siento el cansancio de un día de trabajo pero aun así deseo salir con mis amigos.
Timbra el teléfono, es él.
No me valora lo suficiente. Cree que con una sola llamada puede controlarme, mas no es así, yo lo controlo, en un abrir y cerrar de ojos puedo hacerlo mío y sentir su piel. Es de mi propiedad. Uno más… qué más da.
Me pregunta si tengo tiempo. Para él nunca. Sin embargo la televisión no es suficiente, es sábado por la noche, quiero salir de aquí. Me asfixia tanta paz en mi cuarto. Mi departamento se siente hueco, estoy sola.
Salgo por la puerta principal y tomo una botella de agua del refrigerador. Pongo una nota a mi roomie:
No te preocupes, llego por la mañana.
Es claro el mensaje, estaría ocupada.
Tome mi coche, comenzó a hacer ruidos extraños que ignoré, ¡debí haber ido al mecánico! no me importaba tanto. Siempre dejo todo para después.
Nos habíamos citado en un café cerca de donde él vivía. Eran las 11 de la noche y se tornaba el ambiente cálido en la ciudad. Un verano caluroso.
Llegue al café. El estaba esperándome en la mesa del fondo, en la de siempre.
Nos miramos y sonreímos, sabíamos lo que seguía, una charla de sobremesa un café y por supuesto, su casa, su cama. A pesar de todo seguía entreteniéndome con sus palabras, admiraba su dicción y la seguridad en sí mismo. Guapo, culto, varonil, ¡lástima que fuera casado!
No me importaba, fuimos a su casa después del café, no pregunté por su esposa. Una vez al mes ella se iba de visita a casa de sus padres fuera de la ciudad. Esa noche lo sabía, cuando por la mañana vi su número en mi celular, era el sábado del mes. Durante todo el día vibre con tanta adrenalina, sólo de pensar en verlo.
El mismo me lo dijo antes de casarse:
- Siempre serás parte de mi vida y mi corazón, independientemente de con quién esté y no quiero perderte-
Pues no lo hizo, aun anhelo sus llamadas, nuestros encuentros, no soy nadie relevante, pero soy de él.
En su casa sentí una sensación de nostalgia. Ver esas fotos que hoy olvidó esconder, de él y ella. Juntos, con toda la historia de amor. La boda, los hijos, los viajes.
Y yo aquí, su amante fiel, amante de una noche, amante cada mes.
Una noche mas que pasé con él. Desperté sintiéndome nueva, aliviada, extasiada, satisfecha y culpable. Con una culpa moderada, pues tampoco acepte ser nada más. Nunca quise una relación formal, un compromiso de vida. Él y yo, tan iguales, nunca hubiera podido funcionar. Almas gemelas probablemente, pero solo una vez al mes. Su siempre amante temporal
Regresé a mi departamento. Me senté de nuevo frente al televisor. Mi roomie se sienta a mi lado
- ¿Qué tal tu noche?- pregunta con su sonrisa curiosa
- Una noche más de nicotina. –Le respondo- a pesar del cáncer, es adictivo.